Las AGT, aceites parcialmente hidrogenados o grasas trans son un tipo de ácidos grasos formados de manera industrial. Son dañinas para la salud y actualmente están presentes en multitud de alimentos.
Las grasas trans se originan cuando el aceite líquido se transforma en sólido porque se le han añadido hidrógenos que son los causantes de aumentar la vida útil de los alimentos y estabilizar su sabor. Son muy usadas en la industria alimentaria y se encuentran en multitud de productos:
– Margarinas y mantecas.
– Bollería industrial, pasteles, tartas…
– Snacks salados (patatas…)
– Congelados.
– Productos precocinados (lasañas, canelones, croquetas…)
– Helados.
– Donuts, galletas…
– Palomitas para ser preparadas en el microondas.
– Comida rápida (hamburguesas, perritos calientes, patatas fritas…)
– Salsas, cremas y sopas preparadas.
En su día las grasas trans ganaron popularidad porque se concibieron como la solución ante el daño causado por las grasas saturadas. Pero, actualmente se sabe que todavía son más perjudiciales que las saturadas. De hecho, la OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda que menos del 1% de las grasas que se consumimos a diario procedan de grasas trans.
Producen enfermedades cardiovasculares y severos problemas de obesidad. Aumentan los triglicéridos y el colesterol conocido como malo (LDL) intensificando así el riesgo de sufrir cardiopatías. Además, las grasas trans suelen estar presentes en alimentos de muy bajo valor nutricional y de gran aporte calórico. Lo más recomendable y saludable es evitarlas totalmente pues son un peligro real y dañan gravemente nuestra salud.